Cuando una universidad invierte en un simulador médico, la atención suele irse al equipo en sí: qué tan realista es, qué procedimientos permite practicar o qué tan innovador se ve. Pero con el tiempo he aprendido que el verdadero valor de un simulador no está solo en lo que hace al inicio, sino en cuánto tiempo se mantiene funcionando al cien por ciento. Y ahí es donde entra el soporte técnico.
He visto más de una facultad ilusionarse con un equipo de última generación y, al cabo de unos meses, dejarlo guardado porque nadie sabía repararlo, no había repuestos disponibles o el proveedor simplemente desapareció después de la venta.
El error de pensar solo en la compra
Cuando se compara entre proveedores, la tentación es elegir el simulador con mejor precio o más características en la ficha técnica. Pero lo que casi nunca se pregunta es: ¿qué pasa cuando algo falla?
Un simulador es una máquina compleja, con partes electrónicas, software y materiales que se desgastan con el uso. Es inevitable que en algún momento necesite mantenimiento, actualizaciones o incluso cambios de piezas. Y si no existe un soporte sólido detrás, toda la inversión puede perderse.
Qué significa realmente tener soporte técnico
Para mí, un buen soporte no se reduce a responder correos. Incluye varias cosas:
- Disponibilidad de repuestos: que se consigan rápido y sin complicaciones.
- Capacitación al personal: tanto a docentes como a técnicos de laboratorio, para que sepan usar y cuidar el equipo.
- Respuesta rápida: cuando el equipo se detiene, cada día sin solución es un día perdido de práctica para los estudiantes.
- Actualizaciones de software: muchos simuladores funcionan con sistemas digitales que deben estar al día.
- Acompañamiento postventa: alguien que se hace cargo más allá de entregar la caja y marcharse.
Cuando estos puntos están cubiertos, el simulador deja de ser un gasto y se convierte en una herramienta confiable a largo plazo.
El impacto en la enseñanza
Piensa en lo que significa para un grupo de estudiantes llegar al laboratorio y encontrar que el simulador no funciona. No solo pierden una sesión práctica, también se rompe la continuidad de su aprendizaje. En cambio, cuando hay soporte técnico sólido, cualquier falla se resuelve rápido y el equipo vuelve a estar disponible sin que afecte la programación académica.
En la práctica, el soporte es la diferencia entre un laboratorio activo y uno lleno de equipos que nadie usa.
Una lección que no se olvida
Recuerdo un caso en el que una universidad compró varios simuladores de distintos proveedores. Los equipos parecían similares en calidad, pero con el tiempo quedó claro quién marcaba la diferencia: el proveedor que atendía llamadas, enviaba repuestos y capacitaba al personal. Los demás equipos, aunque costaron menos, terminaron fuera de servicio mucho antes.
Esa experiencia me dejó algo muy claro: cuando se trata de simulación médica, el soporte pesa tanto como el producto.
Antes de decidir
Si estás evaluando la compra de simuladores, no te quedes solo con la ficha técnica o el precio. Pregunta por la garantía, los repuestos, los tiempos de respuesta y la capacitación. Eso es lo que te asegurará que el equipo funcione no solo el primer día, sino durante años de uso constante.
Y si quieres conversar sobre cómo evaluar estas condiciones antes de tomar una decisión, puedes ponerte en contacto aquí y revisar qué puntos no deberían faltar en tu checklist de compra.
